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luns, 13 de abril de 2009

DONALD MEEK: El hombre que fue Lirio

Un viejo axioma de Hollywood establece que, para ascender del purgatorio de los secundarios hasta el firmamento de las estrellas es pertinente tener bien apuntalada una sólida reputación de maldad, dureza y villanía. Con maneras blandas y miradas de cordero degollado ningún actor de reparto consiguió hacerse un hueco entre la elite de la farándula. Una vez más la ecuación se repite con nuestro protagonista aunque, desgraciadamente, en sentido contrario.

No nos engañemos, por mucho que simpaticemos con un personaje tarde o temprano caeremos en la cuenta de una serie de taras que lastrarán de forma definitiva la consecución de los objetivos marcados, del mismo modo que es poco probable que un pigmeo supere el record mundial de salto de altura, a nuestro personaje le fue del todo imposible adentrarse en el paraíso de las estrellas, ni sus facciones, ni su diminuta estatura se lo permitían.


Apartado del olimpo, mutó en ese actor de carácter que dio vida, mejor que nadie, a aduladores trémulos, tímidos irreparables y a entrañables calzonazos rehenes de una sociedad que los subyuga. De nada le sirvió interpretar brillantemente a hombres de negocio difíciles de uña, profesores autocráticos, severos fiscales y, al menos, a un espía Nazi…

Nunca ascendió a la primera división del cine, ni siquiera militó en segunda, tuvo que resignarse a jugar en la tercera división hollywodiense; aquella que disputan los denominados actores de carácter o de reparto. Pero, a diferencia de la mayoría, asumió su papel con la habilidad y grandeza interpretativas suficientes para convertirse en un actor omnipresente, de los pocos cuya imagen está solidamente tatuada en nuestro recuerdo.

¿Cuántas veces, al abrigo de unas copas, surgiría una conversación similar a la que sigue?

-Ayer vi: ¡Vive como quieras! Por cierto, actuaba junto a James Stewart y Lionel Barrymore, un actor bajito, calvo, si hombre… ¿no sabes?

- Ya sé quien dices, uno pelado, bajo, que sale en “todas” con visera

-Efectivamente, el mismo…

Ese actor diminuto y bonachón que muchos tenemos grabado en nuestra retina, aunque pocas veces acertemos a pronunciar su nombre, no es otro que el inigualable Donald Meek.

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luns, 9 de febreiro de 2009

OBJETIVO BI-KI-NI

O sábado pasado deixei gravando os documentales que emitiron sobre Darwin na 2 e grazas a ese tempo extra que hai que engadir tamén quedou rexistrado parte do que viña despois, nada máis e nada menos que "Objetivo: Bi-ki-ni" unha de Mariano Ozores do 68 con López Vázquez e Gracita Morales. Os títulos de crédito toman como inspiración os das películas de espías pero co encanto cutre-tras hispano. A música que os acompañaba é de José Torregrosa e non está nada mal así que decidín convertila a mp3 como toque friki deste fin de semana. Máis info sobre a película aquí

domingo, 25 de xaneiro de 2009

PERO QUEN DEMO É ALAN SMITHEE?

Qué opción lle queda a un cineasta norteamericano cando as durísimas e decisivas etapas posteriores á filmación (cortes de montaxe, retoques de última hora que estiran ou mutilan o guión) converten o seu filme nunha sombra do que se propuxera realizar? Dispón de tres posibilidades: a resignación, os pleitos xudiciais (a miúdo aínda máis tortuosos que a posproducción) ou a opción de recorrer ó pseudónimo de Alan Smithee, o director fantasma que xa estampou a súa firma ó pé de máis de 50 longametraxes.

Todo comenzou en 1969, cando Robert Totten e Don Siegel (que dirixira en 1956 o clásico La invasión de los ultra cuerpos) decidiron retirar os seus nomes de Death of a Gunfighter (Morte dun pistoleiro), insatisfeitos coa montaxe que impuxera o productor. Ó Directors Guild of America, o poderoso sindicato que organiza ós directores estadounidenses, ocorréuselle inventar entón a Alan Smithee, un pseudónimo que serviría para suplantar ó director auténtico no momento en que os executivos dos estudios se excederan nas xa de por si xenerosas facultades de control que lles adxudica o americano way of filming. As test screenings, esas proxeccións previas á estrea ante espectadores rigorosamente seleccionados, que case sempre animan ós empresarios cinematográficos a estropear os filmes (por exemplo cambiando os finais contundentes por empalagosos happy ends), e nas preocupantes operacións de marketing, que deixan boa parte da responsabilidade en mans dos executivos en detrimento dos autores, auguran bo futuro ó bo de Smithee.
Artigo Completo e despois da lectura un vídeo

domingo, 14 de decembro de 2008

APUNTES SOBRE EL WESTERN EUROPEO

A finales de la década de los cincuenta del pasado siglo surge como fenómeno de masas en Europa un nuevo género cinematográfico. Se trata del Western a la europea, una especie de pariente pobre de aquel que estaba dando sus últimas bocanadas en los EEUU, aunque manteniendo la inercia necesaria para rodar alguna que otra obra maestra, auténticas joyas, crepusculares, que determinarán el canto del cisne del western americano.

Será a partir de 1965 cuando la producción de este tipo de películas se lleve a cabo de forma masiva, sirva de ejemplo 1967, año en el que se realizan en España un total de 34 películas, de las cuales dos son producciones íntegramente nacionales, nombres como Romero Marchet, Sergio Leone, Giancarlo Parolini, Antonio Román, Juan Xiol, o Eugenio Martín desgranaran títulos como “El sabor de la venganza”,“Ringo de Nebraska”, “El precio de un hombre”,” Río maldito”, “El hijo del pistolero” etc. La avalancha es de tal magnitud que entre los años 1960 a 1980 se filman más de 600 Westerns.

Cuando los primeros westerns europeos llegaron a nuestras pantallas, nada hacía presagiar que el recién nacido venía para quedarse, pero así fue. Del mismo modo, que nadie se aventuraba a vaticinarles un halagüeño futuro comercial, y mucho menos que en el plano eminentemente artístico, pasados los años, pudiésemos rescatar un buen puñado de películas.

El fenómeno del western se coló en nuestro país por la puerta trasera, acaparando las programaciones de los cines de barrio, espacios donde era mucho más fácil camuflar y al mismo tiempo rentabilizar un sucedáneo de una calidad artística muy inferior al original e infinitamente más modesto en el apartado económico.

En lo económico, el fenómeno no fue mucho más allá de la contratación de algunos, pocos, actores americanos de segunda línea y la americanización de los castizos apellidos de los actores patrios. Dando paso a un totum revolutum, inmensamente atractivo para determinado tipo de público que, en no pocas ocasiones, derivó en sólidas ganancias para los escasos productores que apostaron por el género.

venres, 28 de novembro de 2008

JOHN FORD: Centauros Del Desierto (1956)


El 16 de junio de 1955 comenzó el rodaje de una de las mayores epopeyas que el cine americano haya filmado jamás, así como una de las películas más personales de su autor; John Ford. Estamos hablando de Centauros del desierto.

Cinco años después de haber rodado su último western; Río Grande y tras la decepcionante experiencia de Escala en Hawai, Ford se encuentra con más ganas que nunca de regresar a Monument Valley.A sus 62 años, Ford, acumulaba tras de si una serie de convicciones políticas y sociales bien arraigadas, frente a ellas surge una sociedad americana que abandona la senda del macarthysmo para introducirse de lleno en la lucha por los derechos civiles. En 1954 el Tribunal Supremo había declarado ilegal la segregación racial en las escuelas públicas norteamericanas, poco más tarde, en Montgomery (Alabama), Rosa Parks se niega a ceder su asiento, en el autobús, a un hombre blanco, dando paso de este modo al movimiento que con posterioridad liderará Martin Luther King y cuya historia es de todos conocida… Algo estaba cambiando en la sociedad americana y Ford era testigo de excepción de lo que allí estaba ocurriendo, todo ello influirá de modo directo en su nuevo proyecto, empujándolo a abordar de forma decidida los miedos interraciales que acechaban a la sociedad blanca estadounidense. Sería cicatero afrontar un film de tal envergadura desde un solo ángulo, cuando críticos cinematográficos de primer nivel lo han abordado desde infinidad de perspectivas -y desde esta, me imagino, también-. Lo que se pretende en este artículo, es dar un repaso a un plano que no nos parece menor dentro de la infinidad de interpretaciones posibles. La actividad que proponemos a continuación se basaría en el ejercicio mental de sustituir a todos y cada uno de los indios o mestizos presentes en la cinta por personajes negros. Vamos allá… alea iacta est.

Ford sitúa la acción en Texas en 1868, cuando Ethan Edwards regresa a casa de su hermano, tres años después de acabada la guerra civil, contienda en la que había optado por el bando perdedor. En el porche lo esperan su cuñada, con la que tiempo atrás compartió algo más que parentesco, su hermano, su sobrino Ben y sus dos sobrinas Debbie y Lucy. Ford deja para más tarde la presentación del hijo adoptivo de la familia Edwards: Martin Pawley un joven mestizo con una octava parte de sangre cherokee y el resto de galés e inglés, personaje fundamental en el desarrollo del film. Poco después de la vuelta de Ethan, y en su ausencia, su hermano, su cuñada y su sobrino, son salvajemente asesinados a manos de un grupo de comanches liderados por el jefe Cicatriz. Los indios secuestran a las dos hijas del matrimonio, violando y asesinando con posterioridad a Lucy, la mayor. Ethan empleará siete años de su vida en la agónica búsqueda de su sobrina Debbie, en su deambular le acompañará un cándido e inexperto Martin Pawley.

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